Epifanías by Carlos Estévez

Esta exhibición contiene mi más reciente producción artística. El término epifanía me ha servido como metáfora para intentar explicar mi experiencia creativa. Epifanía significa aparición o manifestación, y suele usarse en el contexto religioso para representar visiones divinas. Para mí, el arte, como fenómeno social, tiene una esencia mística. Documenta la experiencia humana a niveles muy profundos, revelando ideas,   pensamientos, emociones y sentimientos que incluso escapan a la razón del propio artista que los crea.

Lo fascinante, para mí, está en el tránsito desde mi inmersión —por horas, días y meses— en la intimidad de mi estudio, en un soliloquio constante que se registra en las superficies de la tela, el papel o el medio en el que trabaje, hasta la interacción con el público. La obra, una vez terminada, cobra vida propia y comienza a interactuar con los espectadores, que, sin importar su edad, procedencia u origen, se identifican con ella, dando lugar a las más disímiles e inesperadas conversaciones.

Carlos Estevez
Carlos Estévez/ Foto Cortesía Lucy García Gallery

Estas obras han surgido a partir de visiones. Cada una es una historia, una reflexión cargada de memorias y pensamientos que reflejan lo que he estado viviendo en ese momento. Así, por ejemplo, la primera obra que realicé para este proyecto, La afinadora de rutas de almas errantes, está impregnada del espíritu y de mis impresiones de un reciente viaje a Bali, Indonesia, donde experimenté una afinidad espiritual, filosófica y, sobre todo, humana con mis orígenes cubanos. Allí descubrí conexiones geográficas y un sincretismo cultural y religioso expresados de maneras diferentes. La imagen de esta obra está inspirada en unas muñecas de paja que representan a la diosa del arroz y la fertilidad, Dewi Sri, de profundo poder evocador y simbólico. En mi pintura quise representar la maquinaria del destino como un carrusel que mueve criaturas que parecen peces portando planetas. En el centro, una figura femenina los organiza, como una especie de pequeño planetario donde ocurre la trama de la existencia: el micro universo humano.

 Para mí, la creación artística es pasión y obsesión, una especie de padecimiento crónico que me da vida y energía, al tiempo que me la consume. Mi estudio es una nave espacial que me transporta a otra dimensión. A través de este viaje exploro y contemplo mi experiencia humana y puedo compartirla con los demás, expandiéndola. Es un viaje continuo a través del cual se miran mis obras. Cada pieza es un lugar metafísico infinito que, al interactuar con el espectador, se abre a múltiples interpretaciones que nunca terminan. Para mí, cada pintura es una puerta hacia nuevos caminos. Así surgió y se desarrolló este proyecto: de visión en visión, como una historia interminable.

Si este proyecto fuese un libro, sería una compilación de pensamientos que abordan diferentes temas sobre la existencia —la fe, los sueños, la identidad, las ciudades, etc. De forma poética, mis impresiones sobre la vida se traducen en imágenes. Por ejemplo, la obra Epifanía está inspirada en memorias de mi infancia y en mi relación con la iconografía religiosa: aquellas entidades que habitaban nuestros hogares cuando niños y a las cuales se les rendía tanta reverencia, generando a su alrededor un halo de misterio y sacralidad.

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Foto: Julio César Peña

Mi mundo infantil nació en Cuba, en La Habana Vieja, un barrio lleno de palacios y fortalezas militares, parques con farolas y fuentes, iglesias y monasterios con esculturas y vitrales que alimentaron mis fantasías. La condición insular, con su inherente dinámica sociocultural, el lento transcurrir del tiempo —que nos incita a soñar como recurso de salvación—, las relaciones humanas extrovertidas y entusiastas propias del Caribe, y las condiciones sociopolíticas de Cuba, marcadas por la carencia económica y la represión política, configuraron mi manera de ver la vida. La necesidad se convirtió en el motor de la invención.

Cuando emigré de Cuba, me fascinó la diversidad humana: cada lugar, con su identidad, me compartía los tesoros del legado humano. Viajar se convirtió en una pasión. Recorrer el mundo y explorar la diversidad humana es, desde entonces y hasta hoy, mi mayor inspiración. Vivo un viaje paralelo entre el mundo y el arte. Estas obras son mis más recientes testimonios de esos viajes.