El Premio Pritzker de Arquitectura anuncia a Smiljan Radić Clarke, de Santiago de Chile, como el ganador del Premio Pritzker de Arquitectura 2026, el galardón considerado internacionalmente como la máxima distinción en arquitectura.
«La arquitectura existe entre formas grandes, macizas y perdurables —estructuras que permanecen bajo el sol durante siglos, esperando nuestra visita— y construcciones más pequeñas y frágiles, efímeras como la vida de una mosca, a menudo sin un destino claro bajo la luz convencional. Dentro de esta tensión entre tiempos dispares, nos esforzamos por crear experiencias que transmitan emoción, invitando a las personas a detenerse y reflexionar sobre un mundo que con tanta frecuencia pasa de largo sin que se den cuenta», expresa Radić.
Radić rechaza un lenguaje arquitectónico repetible; en cambio, cada proyecto se aborda como una investigación singular, fundamentada en principios básicos e informada por una historia discontinua. El contexto, el uso y la conciencia antropológica tienen prioridad. El emplazamiento se entiende no solo en términos físicos, sino también como una convergencia de historia, práctica social y circunstancias políticas.

La Mención del Jurado de 2026 afirma, en parte: «A través de una obra situada en la encrucijada de la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural, Smiljan Radić prioriza la fragilidad sobre cualquier pretensión injustificada de certeza. Sus edificios parecen temporales, inestables o deliberadamente inacabados —casi al borde de la desaparición—, pero ofrecen un refugio estructurado, optimista y discretamente alegre, que abraza la vulnerabilidad como una condición intrínseca de la experiencia vivida».
A lo largo de su obra, las estrategias específicas para cada lugar se repiten de diversas formas, permitiendo que cada edificio surja de
sus condiciones particulares en lugar de una fórmula preestablecida. Los edificios pueden estar parcialmente integrados en el suelo, en lugar de erigidos sobre él, como en el Restaurante Mestizo (Santiago, Chile, 2006); orientados para protegerse de los vientos dominantes o la luz intensa, como en la Casa Pite (Papudo, Chile, 2005); o moldeados mediante la reutilización adaptativa en lugar de la sustitución, como en Chile Antes de Chile, la ampliación del Museo Chileno de Arte Precolombino (Santiago, Chile, 2013). «En cada obra, es capaz de responder con radical originalidad, haciendo evidente lo que no es obvio. Regresa a los fundamentos más esenciales e irreductibles de la arquitectura, explorando al mismo tiempo límites que aún no se han alcanzado. Desarrollado en un contexto de circunstancias implacables, desde los confines del mundo, con un estudio compuesto por apenas unos pocos colaboradores, es capaz de llevarnos al núcleo más íntimo del entorno construido y la condición humana», comenta Alejandro Aravena, presidente del jurado y ganador del Premio Pritzker 2016.

La arquitectura de Radić revela su rigor no a través de la formalidad, sino mediante la disciplina de su construcción. Su obra a menudo parece austera o elemental, pero esta impresión oculta una ingeniería y construcción precisas. Materiales como el hormigón, la piedra, la madera y el vidrio se emplean en una relación deliberada entre sí para dar forma al peso, la luz, el sonido y el cerramiento. En el Pabellón de la Serpentine Gallery (Londres, Reino Unido, 2014), una estructura translúcida de fibra de vidrio descansa sobre inmensas piedras portantes de origen local. La luz se filtra en lugar de exhibirse, y el cerramiento permanece parcial, lo que permite a los visitantes experimentar un refugio sin una separación total del parque circundante. En el Teatro Regional del Bío-Bío (Concepción, Chile, 2018), una envoltura semitransparente cuidadosamente diseñada modula la luz y favorece el rendimiento acústico mediante la sobriedad. La construcción se convierte en una forma de narración, donde la textura y la masa tienen tanto significado como la forma.
Como señala el Jurado, «Traducir las cualidades de su obra arquitectónica al lenguaje hablado es intrínsecamente difícil, pues en sus diseños trabaja con dimensiones de la experiencia que son inmediatamente palpables pero escapan a la verbalización, como la percepción del tiempo: inmediatamente reconocible, pero conceptualmente esquiva. Sus edificios no se conciben simplemente como artefactos visuales; más bien, exigen una presencia corporal».

Sus obras se caracterizan por una sutil inteligencia emocional, basada en la empatía por la experiencia humana y calibrada para moldear la percepción de la arquitectura a lo largo del tiempo. Sus edificios transmiten una sensación de protección, introspección y atención a la fragilidad humana. La Casa para el Poema del Ángulo Recto (Vilches, Chile, 2013) simboliza un retiro contemplativo, con aberturas cuidadosamente ubicadas, orientadas hacia arriba para capturar la luz y el tiempo, fomentando la quietud y la introspección.
En su estudio-casa, Pequeño Edificio Burgués (Santiago, Chile, 2023), la residencia ofrece refugio y privacidad, manteniendo al mismo tiempo una amplia relación con la ciudad. Desde el interior, los residentes contemplan el paisaje urbano, mientras que desde el exterior, el interior permanece oculto tras cortinas de malla metálica. Las paredes de vidrio simple permiten la entrada de lluvia, sonido y luz cambiante, permitiendo sentir y ver las condiciones climáticas diarias. Abajo, el estudio subterráneo ofrece un ambiente más tranquilo, ya que las mismas paredes están protegidas por un terraplén que filtra la luz solar, integra la naturaleza y crea un entorno de trabajo resguardado.

Las intervenciones no son ni restauración ni reemplazo, sino cálculos intencionados de escala y uso. En NAVE (Santiago, Chile, 2015), Radić reinterpreta un edificio residencial de principios del siglo XX, dañado por un desastre natural, conservando la estructura existente e incorporando nuevos volúmenes destinados a espacios abiertos para presentaciones, ensayos y talleres. Arriba, una terraza en la azotea, coronada por una carpa de circo, aporta una inesperada ligereza y una atmósfera de celebración provisional, con eventos comunitarios programados, que contrasta con la intimidad arraigada de abajo. Las capas anteriores permanecen visibles, concibiendo la adaptación como una continuidad en lugar de una concesión.
Esta atención a las capas se extiende más allá de la construcción. En 2017, Radić fundó la Fundación de Arquitectura Frágil en Santiago, concebida como una plataforma para el intercambio público y un archivo en funcionamiento. La colección de la fundación, compuesta por obras experimentales, estudios y referencias de otros arquitectos, conforma un cuerpo de investigación que a menudo nutre sus propios proyectos. El trabajo de otros se convierte en otra capa a través de la cual la arquitectura continúa evolucionando.

Desarrollada a lo largo de más de tres décadas, la práctica de Radić abarca instituciones culturales, espacios cívicos, edificios comerciales, residencias privadas e instalaciones en Albania, Austria, Chile, Croacia, Francia, Italia, España, Suiza y el Reino Unido, con obras definitorias adicionales como Guatero, para la XXII Bienal de Arquitectura de Chile (Santiago, Chile, 2023); London Sky Bubble (Londres, Reino Unido, 2021); Chanchera House (Puerto Octay, Chile, 2022); Casa Prisma (Conguillío, Chile, 2020); Bodega Vik Millahue (Millahue, Chile, 2013); El niño escondido en un pez, con Marcela Correa, para la XII Bienal Internacional de Arquitectura de Venecia (Venecia, Italia, 2010); y Casa CR (Santiago, Chile, 2003).
Smiljan Radić Clarke es el 55.º galardonado con el Premio Pritzker de Arquitectura y fundador del estudio Smiljan Radić Clarke, establecido en 1995. Nacido en Santiago de Chile, reside y trabaja en su ciudad natal, con proyectos futuros en Albania, España, Suiza y el Reino Unido.


